San Agustín del Valle Fértil

Acá comienza la parte complicada del viaje. San Agustín es un pueblo que parece escapado de un cuento, una especie de Macondo sanjuanino, un lugar quieto fuera del tiempo.

Recostado al noreste de la provincia de San Juan, funciona como una de las bases para llegar a los parques de Ischigualasto, en San Juan, y Talampaya, en La Rioja.
Y acá es donde empiezan los problemas: las comunicaciones con las localidades cercanas es deficiente, no por la rutas, que están en muy buenas condiciones, si no por la falta de transporte público; a menos que se tenga vehículo propio, para llegar a los parques se debe contratar un taxi o una empresa de tours.

Lago San Agustín con la TECA estenopeica y Kodak Color Plus 200

Y las comunicaciones con otras localidades también es difícil. Hay dos maneras de salir de San Agustín si no se tiene vehículo: tomar un taxi hasta el cruce de rutas en Talampaya y desde ahí seguir en ómnibus con una empresa de La Rioja, o bien regresar a San Juan y seguir viaje. La segunda opción es la que terminé eligiendo.
Pero más allá de todo lo anterior, San Agustín es un oasis, un espacio donde desconectarse del mundo real durante dos o tres días, donde los chicos juegan solos en la plaza por la noche, donde a la hora de la siesta el mundo se detiene, porque el calor es insoportable, donde el tiempo se mueve más lento, como en una especie de linea paralela.

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