Después de un par de días varado en San Agustín, sufriendo el zonda, tratando de encontrar la forma de llegar al Valle de la Luna; y cuando lo encuentro enterarme que está cerrado por el viento, logro llegar al parque.
Valle de la Luna es el nombre con el que se hizo conocido el lugar a fines de los años 60 a través de un reportaje fotográfico, pero el verdadero nombre es Ischigualasto, que significa sitio donde no existe la vida o, también, lugar de la muerte.
Ischigualasto fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2000, esto obliga a que las visitas estén bastante restringidas: sólo se puede ingresar acompañado de guías, en horarios específicos, y respetando los senderos marcados de las cuales uno no puede salir.

Valle pintado con la TECA estenopeica y Kodak Color Plus 200

El lugar es, en verdad, un paisaje escapado de un sueño o de fuera de la tierra: un desierto donde la vegetación está casi ausente y casi es imposible cruzarse con animales, un paisaje onírico poblado de formas sin sombras; por un momento pensé en que haber vislumbrado un fragmento del futuro.

“El Hongo” con la TECA estenopeica y Kodak Color Plus 200
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